04 marzo, 2008

Bienvenidos alumnos de Justo Sierra


Jugando con las formas de la cala. Fotografía: Arturo Ávila Cano. Año 2008

Hola a todos

Este será el espacio electrónico por el que nos comunicaremos. Cada uno de ustedes deberá crear una bitácora electrónica o actualizarla si es que ya tienen una. Les invito a escribir un comentario en esta weblog para que de esa manera comencemos a establecer vínculos entre nosotros. De hecho, los invito a recorrer con calma esta bitácora, que aprecien el trabajo que en ella hemos publicado para que lo critiquen.

De hoy en adelante, las bitácoras electrónicas serán nuestra galería, nuestro portafolio profesional.

En este semestre pretendemos que ustedes mejoren estéticamente sus imágenes. Llevaremos a cabo varias prácticas, entre ellas: fotografía de viaje, la naturaleza muerta, la fotografía relacionada a la arquitectura y haremos también varias prácticas de fotoperiodismo para que conozcan de primera mano el trabajo de un reportero gráfico.

Así que les invitamos a crear o renovar su bitácora y a poner especial atención en la creación de vínculos. Pueden revisar los enlaces dedicados a la fotografía, entre ellos zonezero, digital journalist, etcétera. Estas páginas electrónicas son de vital importancia para la formación de un reportero gráfico o de un fotógrafo especializado en otros menesteres. De tal manera, pueden ir creando vínculos dedicados a la fotografía.


En clase abordaremos más estos asuntos.

Hasta pronto.

26 febrero, 2008

Interesante lectura en zonezero

Hola a todos


Les comparto el enlace hacia un artículo muy interesante que se publicó en zona zero. Dicho texto aborda un tema recurrente en esta era digital: la creación de una imagen mediante el ordenador para hacerla pasar como una fotografía documental; es decir, una imagen verídica.

Foto: Liu Weiqing


El artículo se titula "China acepta que existió fraude en las fotos de un raro antílope" y pueden acceder desde aqui gracias al enlace directo.

19 febrero, 2008

Viaje por Chiapas (parte IV)


Pequeño río que atraviesa el campamento lacandón. Esta imagen la capté con la cámara en bulbo (40 segundos) y diafragma 22. No usé tripié, coloqué la cámara en una pequeña silla que estaba junto al río. Año 2007


Pequeña cabaña en campamento lacandón. En ese lugar hay tanto cabañas individuales como colectivas. Se debe llegar a ese sitio para partir de alli a un lugar de la Selva Lacandona, como se decía en los comunicados del EZ. Año 2007


Hola a todos

Prosigo con una pequeña crónica del recorrido que hice por algunos lugares de Chiapas este pasado diciembre... Divorciado, sólo y sin planes concretos para el futuro...

Después de que el camión nos dejó en el cruce de caminos entre Yaxchilán y Bonampak, esperamos unos minutos a una camioneta que nos iba a llevar hasta el campamento lacandón, donde pasariamos la noche para emprender una caminata por la selva lacandona al día siguiente.

Tal cual les había comentado, yo era el único mexicano entre un grupo de estadounidenses y canadienses. Para no permanecer callado todo el camino, comencé a hacerle plática a la jóven pareja del Canadá (Cristina y Alex), que resultó ser muy amable.

Tardamos como veinte minutos en llegar al campamento, donde nos recibió un indigena lacandón de nombre Vicente, que al parecer era el patrono del sitio. Nos llevó hasta unas cabañas rústicas que serían nuestra habitación y nos invitó a pasar al comedor para tener una agradable cena de pollo frito y ensalada.

En el comedor conocí a una joven de ascendencia mexicana que radica en los Estados Unidos, donde trabaja como maestra en una high school. También me topé con un trío de chavos que procedían de Ecatepec, en el estado de México. Pronto se unió al grupo una guapa arquitecta de Guadalajara que estaba observando el entorno para construir unas cabañas ecológicas en Playa del Carmen, en Cancún.

Todos estábamos un poco cansados, así que tras una breve charla después de la cena nos dirigimos a nuestras cabañas. Yo, afortunado, tuve la suerte de contar con una cabaña individual, con todo y baño. Eso me alegró, pensé que iba a estar solo para reflexionar sobre mi situación personal, pensaba que podía escribir unas cuantas líneas en una pequeña libreta del Fondo de Cultura Económica, que hace años compré para una ocasión especial, como esa. El gusto no me duró lo suficiente, ya que como a medianoche llegó un grupo ruidoso de españoles a la cabaña de al lado. Ese fue el fin del silencio en la selva.

Por más que lo deseaba, no pude seguir escribiendo ni leyendo. La plática de mis molestos vecinos me impedia concentrarme...


Pequeñas cascadas en el interior de la Selva Lacandona, captadas con baja velocidad de obturación. Año 2007


A la mañana siguiente me dirigí al comedor para tomar un ligero desayuno y emprender la marcha hacia la selva. En el lugar ya se encontraban todos los demás. Tuvimos otra agradable charla y nos fuimos presentando poco a poco. A las ocho de la mañana entró al comedor el viejo Vicente para informarnos que David, un jóven indígena lacandón, nos acompañaría al recorrido.

Al igual que los demás fui por algunas cosas para emprender la marcha. Llevé tan sólo una vieja maleta para equipo fotográfico que me regalara mi ex mujer hace algunos años, y que por un pequeño y molesto ruido que ocasiona con el movimiento, había desistido de usar, pero ahora ya no había nadie más que se molestara con el ruido de mi maleta... acaso yo, y sólo por las nostalgias que me traía de manera contínua.

Mi condición física no era la mejor para una caminata de más de cinco horas. Hacía tiempo que no practicaba nada de deporte, y desde que me cambié de casa hasta Tultitlán, había dejado hasta las recurrentes caminatas por las calles de la ciudad. Pasaba más tiempo en transporte público que caminando por el centro histórico, mi lugar predilecto.

Para mi caminata en la selva opté por unos viejos pantalones de cargo, una camisa blanca, un chaleco ligero y unas medias botas.



Grupo de amigos de México y Canadá en un lugar de la Selva Lacandona. Año 2007.






Mónica en la prueba de equilibrio. Año 2007

Mis compañeros de viaje también viajaban ligero. Casi todos llevaban un pequeño morral.

Al principio no percibí el calor, pero después de media hora estaba sudando copiosamente. Recordé que en la pequeña maleta llevaba un viejo paliacate, el cual me ayudó para limpiarme las gotas de sudor. No dije nada, pero presentía que en algún momento mi pésima condición física me obligaría a hacer un alto en el camino, alterando con ello el recorrido por la selva.






Afortunadamente, David, nuestro guía, paraba para mostrarnos la flora del lugar. Esas pequeñas pausas me ayudaron para recobrar el aliento. Poco a poco fuimos pasando por algunos ríos y pequeñas cascadas que me refrescaron por completo. No recuerdo por cuantas fuentes naturales de agua pasamos, pero fueron muchas. No las recuerdo por su cantidad, sino por su belleza imponente.

Tras dos horas de camino, llegamos a un milenario templo abandonado en la espesura de la selva. El pequeño templo me impresionó. Relacioné las formas de aquel edificio con las de Bonampak.

David nos comentó que el INAH ya tenía conocimiento del templo, que algunos arqueólogos habían tomado un registro...pero de eso habían pasado ya varios meses. Subimos hasta la cima de esa vieja pirámide. Eso no fue difícil, lo complicado fue el descenso, pues el suelo estaba húmedo, por lo tanto resbaloso. El gran tronco de una vieja ceiba nos ayudó para bajar de aquella pirámide...












Mónica y las caracolas que recolectó en la Selva para elaborar collares para sus amigos. Año 2007
















17 febrero, 2008

Ejercicio para arreglar una fotografía vieja o maltratada

Hola a todos


Estimados alumnos...

En esta ocasión les publico dos imágenes. El original lo tomé de la página Look at me, a collection of found photos, donde uno puede encontrar esas imágenes que de repente son olvidadas por la gente, y que gracias a una serie de entusiastas son recuperadas y publicadas en internet, como una especie de ejercicio para honrar la memoria.







En si, la fotografía es una manera de vengarse del olvido, una manera de preservar la terca memoria.

Les publico tanto la foto original como la restaurada por su servidor, en espera de que ustedes hagan lo mismo ya sea con una foto de su propiedad o con una imagen de la página anteriormente citada.

10 febrero, 2008

Recorrido por Chiapas (parte III)








Esta entrada la publico desde mi antiguo hogar en azcapotzalco. Hacía dos años que publicaba desde el estado de México, en mi casa, pero las cosas no funcionaron como lo esperaba, así que desde este momento hasta no sé por cuanto tiempo más, seguiré publicando desde este sitio. Esta entrada me sirve también para darle la bienvenida a mis alumnos del Colegio Holandés.

Desde hace tiempo vengo publicando una especie de crónica de viaje... y esta es la tercera parte de la misma...

Sólo, sin planes y con un estado de ánimo muy border como dirían los siquiatras, llegué a Yaxchilán, antigua ciudad maya del periodo clásico tardío (590-900 D.C) que fue edificada en los márgenes del río Usumacinta, frontera natural entre México y Guatemala. Yaxchilán forma parte de esos lugares que más me ha impresionado a lo largo de mi vida.

Agradecí el estar allí, el apartarme de la rutina, del trabajo cotidiano en las escuelas, de darme tiempo para estar solo, para enfrentarme y confrontarme… para iniciar una nueva vida sin mi preciada compañera de tantos años.

Para llegar a dicho sitio se debe arribar a una comunidad llamada Frontera Corozal, y contratar el servicio de un lanchero para hacer un recorrido de una hora por el Río Usumacinta.



Conocí el imperio de Escudo Jaguar hace dos años de la mano de mi ex mujer. Caminamos por la plaza principal, apreciamos las hermosas estelas y nos sorprendimos por la belleza de sus edificios, y algo que llamó poderosamente nuestra atención es el hecho de que esa milenaria ciudad está enclavada en parte de la exuberante Selva Lacandona, lo que le otorga al sitio una característica muy especial que no posee ninguna otra ciudad maya. Quedé prendido de esa hermosa zona Arqueológica, a la cual me propuse regresar muy pronto.

En esa ocasión no pude usar mi cámara digital debido a que la batería estaba completamente agotada. Confieso además que dejé el cargador de la misma confiado en que la pila duraría el tiempo necesario como para captar todas las imágenes que quería, pero ya habían pasado siete días desde que llegamos a Chiapas y estaba claro que la pila duró lo que debía durar.

Me resigné y me propuse disfrutar mucho ese primer recorrido junto a Vero. Al principio me fastidié por confiarme y no llevar el cargador de mi Nikon, pero después lo tomé con calma y dejé a un lado ese egoísmo que nos caracteriza a algunos fotógrafos…

Dos años después, llegué sólo, sin Vero y con la batería de mi cámara digital perfectamente cargada. Tan pronto bajé del bote corrí a la hermosa ciudad para llevarme cientos de imágenes.

Volví a quedar prendado de esa antiguo imperio. Lo recorrí sin prisas y de hecho visité la plaza más antigua, a la cual no había llegado porque en la primera ocasión los guías no nos concedieron mucho tiempo. Recordé con alegría cuando conocí Yaxchilán por primera ocasión con mi ex mujer. Lamenté el que no estuviera a mi lado, el pensar que ya no íbamos a estar juntos. Días antes tuvimos una plática y acordamos que lo mejor para cada uno era seguir por separado.






Al pensar en mi ex mujer recordé una frase del Farewell de Neruda… Vengo desde tus brazos, no sé hacia dónde voy… Mi ánimo decaía rápidamente… sin mucho entusiasmo me propuse continuar con la visita.

Seguí caminando por la imponente ciudad y cuando llegué al edificio principal (número 33), que en lo alto tiene una crestería con una especie de nichos, como la pirámide del Tajín, me quedé fascinado por un hermoso contraluz que se dibujaba en lo alto, lo cual permitía apreciar la silueta de árboles y del edificio mismo. En la cima del edificio principal tuve un encuentro fortuito con el director de cine Alejandro González Iñárritu, al cual le pedí que me dejara tomarle una fotografía. Amablemente accedió, no sin antes preguntar si acaso trabajaba como reportero gráfico y sobre el destino de la imagen.





Le llamó la atención el hecho de que llevara dos cámaras, una digital y la otra completamente mecánica, una Nikon FM2, mi segunda cámara, la cual utilicé muchos años antes de ingresar de lleno al ambiente digital.

Al principio estaba algo nervioso por la importancia del personaje, al cual le pedí que mirara directamente a la cámara cuando decidí que el escenario estaba listo. Alejandro se despidíó amablemente y me deseó suerte en todo lo que emprendiera. De hecho agradecí el detalle porque en verdad necesito algo de suerte para reencontrarme.

Antes de irse me recomendó visitar la plaza más antigua de la ciudad, a la cual, como comenté no había llegado por causa de las prisas, caminé por un sendero que se habría paso entre el espesor de la Selva. En el camino me topé con un caballero de Colombia, el cual estaba fascinando por la belleza del lugar. Decidí caminar a su lado para ir platicando y no sentirme de repente tan solo.

El señor de Colombia, cuyo nombre no recuerdo, viajaba junto a su esposa y sus hermosas hijas, una de ellas se había fracturado el tobillo, por lo mismo viajaba con unas molestas muletas que le ayudan a apoyarse con firmeza. Admiré la tenacidad de esa chica.

Ante la imposibilidad de recorrer el sitio con su familia, don Gabriel, así le diré porque el señor me recordó al nóbel de literatura, visitaba el sitio solo. Juntos llegamos a la plaza más antigua, la cual tiene muchas peculiaridades porque no se encuentra a ras del suelo, sino que fue construida a lo alto, me imagino que para darle un carácter magnificente.

Conocí distintos edificios, algunos todavía conservaban dinteles en la parte superior de las puertas, caminé por una pequeña plaza que me recordó a los algunoss sitios donde se desarrollaba el juego de pelota. En el lugar había enormes ceibas.







Don Gabriel estaba admirado de tanta y tan peculiar belleza. Me dijo que sus verdaderas pasiones eran la ecología y la arqueología, y que por eso había decidido viajar hasta Chiapas con toda su familia, para contemplar estos hermosos lugares.

El sólo hecho de tener con quien platicar me produjo un vago sentimiento de alegría.

El caballero colombiano se adelantó al embarcadero para reencontrarse con su familia, yo seguí captando fotos del lugar, de las estelas, de los dinteles, de los hermosos edificios prehispánicos, de la selva…

Cuando me sentí satisfecho por el trabajo fotográfico caminé hacia la zona de lanchas para retornar a Frontera Corozal… aún quedaba una hora de recorrido por el Río Usumacinta, el cual disfruté impresionado por la vastedad de la Selva.

Al arribar a Frontera Corozal me dirigí a un comedero donde trabé amistad con gente de México que había egresado de la gloriosa universidad nacional, con gran alegría recordamos esos viejos tiempos de estudiantes universitarios… siempre estaré agradecido con la UNAM, a la cual espero regresar muy pronto como estudiante de alguna maestría.

Tras la comida, subimos a un camión que trasladaría a gran parte del grupo a Palenque y a otros nos dejaría en un crucero donde una camioneta nos llevaría a un campamento de indígenas lacandones.

Después de una hora de camino, el chofer del camión me indicó que debía bajar en un crucero que comunica Bonampak con Yaxchilán. Descendí con un grupo de turistas norteamericanos y una pareja de canadienses. Al ser el único mexicano en el grupo me sentía como fuera de lugar, pero qué diablos, de algo debían servir cuatro años de inglés en el cenlex zacatenco del Poli, esa era la gran oportunidad de entablar una conversación interesante.

Esperamos veinte minutos la camioneta, pero entre tanto pude platicar con los chicos de Canadá, que resultaron muy amables. Sus nombres. Cristina y Alex, de Montreal, la parte francesa de esa tierra del norte.






22 enero, 2008

Bonampak, recorrido por Chiapas (parte II)






Después de unos cuantos días de abandono, proseguiré con el relato de mi recorrido por Chiapas… Cuando finalicé mi visita a la zona Arqueológica de Palenque, me dirigí directamente al hotel donde me hospedaba, tomé un baño y caminé al centro para buscar un lugar dónde tomar un buen café, sin embargo, mis pasos me llevaron hacia la plaza principal de Palenque pueblo, donde de nueva cuenta me volví a sentir solo.

Durante un rato miré a las parejas que estaban sentadas alrededor de la plaza y también a las aves que volaban saludando al atardecer. Pasaron varios minutos y yo no hacia otra cosa más que mirar el vuelo rítmico y por momentos monótono de esos molestos pajarracos, cuyos graznidos terminaron por fastidiarme, así que opté por abandonar el lugar.






Tras algunas horas, recobré el valor y decidí que al día siguiente viajaría a Bonampak y Yaxchilan, zonas Arqueológicas que se encuentran en la Selva Lacandona y en los márgenes del río Usumacinta, cerca de la frontera con Guatemala.

En una agencia de viajes me informé de que podía pasar una noche en un campamento a cargo de indígenas lacandones. Mi estado de ánimo me sugirió que sería lo mejor… así que no dudé más… quería algo de soledad para confrontarme sin miramiento alguno.

A la mañana siguiente salí rumbo a Bonampak, durante el camino trabé amistad con gente de Colombia… y me enemisté sin querer con un alemán al cual le pisé un pie. Como mis disculpas no fueron suficientes, decidí olvidar el asunto.

Llegar a Bonampak es algo inusual porque debes recorrer un largo camino de terracería que fue trabajado por los lacandones. Estos cuentan con camionetas para acercarte a las pirámides. En dicha zona destacan no sólo las lápidas sino los restos de antiguos murales prehispánicos que han resistido no sólo el paso de los años sino las imprudencias de los turistas.






Son pocos los murales o pinturas que quedan del imperio maya, así que cuando se llega a Bonampak es una obligación apreciar las escenas que destacan parte de la vida de los antiguos gobernantes de estas ciudades que en su momento y por diversos motivos fueron abandonadas.

Rumbo a la salida de Bonampak, me topé de nueva cuenta con unos viejos conocidos de los tiempos de la universidad, viejos conocidos con los cuales no llevo una gran amistad, así que el encuentro no fue muy grato. Al final me llevé una gran satisfacción pues tras una breve plática pude retratar a un niño Lacandón, y creo que esa es la mejor imagen de mi viaje a esa zona de Chiapas.

12 enero, 2008

Visita a la Zona Arqueológica de Palenque, Chiapas (I parte)


Estela en un edificio maya de la zona arqueológica de Palenque. Fotografía: Arturo Ávila Cano, diciembre de 2007


Edificio con estelas en Palenque, Chiapas. Fotografía: Arturo Ávila Cano. Diciembre de 2007



Hay una columna en la revista Tiempo Libre titulada La Chulanga, que procuro leer de manera regular. La escritora Nora Emilia posee un estilo ameno, siempre comienza sus colaboraciones de esta manera: "Divorciada y con dos hijas..." En fin, no hay forma alguna de que alguien olvide ese comienzo tan original.

Pues bien, casi divorciado, sin hijos y sin planes concretos para el futuro, decidí viajar al sureste mexicano para evadirme y olvidar mis problemas personales. Mi mujer viajó a Guanajuato a pasar la navidad y el año nuevo con toda su familia. Yo me quedé solo, en lo que parecía ser el "hogar dulce hogar", que pronto se convirtió en el espacio más pequeño, solo y triste que pudiera imaginar.

Resignado a ver mi matrimonio naufragar sin tregua alguna, emprendí un viaje a Villahermosa, para trasladarme a Palenque, en Chiapas. Tenías ganas de viajar solo y visitar ciertos lugares perdidos en la Selva Lacandona. Más que un viaje de recreación era el primer intento para acostumbrarme a estar solo de nuevo. No sabía lo que iba a sentir al ver a tantas parejas y tantas familias reunidas con motivo de las festividades navideñas, pero eso no me iba a detener... y no me detuvo.

Así que el 26 de diciembre, tomé mi maleta, mis cámaras fotográficas y salí rumbo al aeropuerto. No quería perder tiempo viajando por tierra. Quería llegar lo más rápido posible a Tabasco, para de allí subir a un camión rumbo al pueblo de Palenque.

Palenque es un pueblo sin muchos atractivos. Es un pueblo feo, por qué no decirlo. Exceptuando la zona arqueológica y el café Yara, Palenque es un sitio que no me representaba demasiado interés. No tiene edificios coloniales, como San Cristobal, no tiene parques bellos o plazas para recrearse la vista. Hay demasiadas tiendas de artesanías, restaurantes y agencias de viajes. Sin embargo, Palenque es un lugar obligado para partir hacia otras zonas de Chiapas, como Bonampak o Yaxchilan.

Llegué a Palenque a las dos de la tarde del 26 de diciembre. Rápidamente busqué un hotel barato y limpio para dejar mis cosas, y visitar la impresionante zona arqueológica. Tomé un taxi colectivo para llegar a las ruinas. Estaba decidido a salir del sitio hasta que cerraran, así que tan pronto arribé, mostré mi credencial de maestro y me dirigí al edificio principal, que cuenta con unas estelas donde se representa al Rey Pakal.

Apenas podía creerlo, estaba solo, sin mi amada mujer en un sitio que ambos visitamos en los buenos tiempos. El bramido de un mono saraguato me sacó del letargo en el que había caído. Me dije: "Vamos ya, esta es tu nueva circunstancia, ya te acostumbrarás... ahora a dedicarle tiempo a esa amante celosa que es la fotografía, a la cual renunciaría sin duda alguna por una mujer".

Y bueno, tras encontrarme de manera increíble con algunas personas no muy gratas para mi -vaya mi suerte-, recorrí de manera lenta y pausada la hermosa y extensa zona arqueológica. Trataba de concentrarme en los edificios del impero maya y no ver fijamente a nadie, a ninguna persona, a ninguna pareja, a ninguna familia.

Ahora les publico las mejores imágenes que capté en Palenque. Espero les agraden. Mi viaje prosiguió hacia la Selva Lacandona, donde hice amistad con gente de mi país, México, de Colombia, la tierra del nóbel, y de Montreal, Canadá.