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24 septiembre, 2012

Las TeKillerass, el mejor equipo de Roller Derby de la ciudad de México


 









08 octubre, 2009

Octubre, mes de remembranzas

Este dos de octubre de 2009 decidí cubrir de nuevo la tradicional marcha en conmemoración por la matanza de Tlatelolco (1968) que llevara a cabo el ejército de ese entonces, por órdenes de dos títeres de la CIA, uno, más cercano en nivel de inteligencia a ciertos primates que a los seres humanos, presumía el cargo de presidente; otro, que después logró ocupar la primer magistratura, fungía como secretario de gobernación de este país.



Miembro del grupo anarco punk durante la marcha del dos de octubre de 2009. Fotografía: Arturo Ávila CAno

El tema del movimiento de 1968 me interesó no sólo por la matanza perpretada por las fuerzas armadas sino por por muchos factores que rodearon al movimiento estudiantil. Como estudiante de periodismo, y después como reportero de la UNAM apasionado por la mítica fotografía de prensa, concretamente por los trabajos de Héctor García, acudía a las marchas para obtener imágenes elocuentes que expresaran lo que significa esa manifestación de protesta.

Al igual que muchas personas que asisten a la marcha, lamento que algunos grupos la utilicen como pretexto para agredir, delinquir, drogarse, robar, para manifestar su repudio al gobierno y su inconformidad al sistema político-social.

El año pasado no quise cubrir gráficamente la marcha. Este año acudí de nuevo con el fin de captar nuevas imágenes. Después de ver las fotografías creo que no era necesario ir hasta Tlatelolco y seguir la marcha hasta el Zócalo. ¿Por qué? Eso lo quiero responder en la bitácora que tengo destinada a la fotografía de prensa.

Adelanto que cada reportero o fotógrafo que asiste a la manifestación tiene un punto de vista muy particular de este acontecimiento masivo debido a sus filias y fobias, a sus intereses editoriales, que bien pueden ser muy mezquinos.

Para mi, este mes es de remembranzas, algunas temibles, y otras felices. La marcha del dos de octubre no pertenece a ninguna de las categorías anteriores. Representa una lucha tenaz en contra del olvido, de la injusticia, pero cada vez más algunos grupos intolerantes insisten en representar a esos micos que tanto criticamos cuando están en puestos de gobierno.

11 abril, 2009

Festival Internacional de la Sierra en Pahuatlán

Pospuestos todos los viajes tanto con los compañeros de la maestría como con viejas amistades, le propuse a mi primo Gerardo una salida en bicicleta a cualquier parte cercana al Distrito Federal. Después de unas cuantas llamada a viejas amistades de la Fes Acatlán, nos decidimos no por un viaje en bici, sino por asistir al Tercer Festival Internacional de la Sierra, en Pahuatlán, Puebla.
Así que el jueves por la mañana, junto con Mimi, la esposa de mi primo, y dos amigos de tiempos de la universidad, emprendimos el viaje por carretera rumbo a Pahuatlán.
Lo que nos atraía del Festival, concretamente, era la noche de Huapango del jueves. Se decía que el Huapango comenzaría desde las diez de la noche y terminaría hasta la mañana del viernes santo.
Ninguno de los que viajábamos había asistido previamente al Festival. Solo yo conocía Pahuatlán porque en alguna ocasión, hace ya más de diez años, mi estimado maestro Rubén Pax, fundador del diario La Jornada, y del Consejo Mexicano de Fotografía, nos llevó hasta ese lugar enclavado en la Sierra Norte de Puebla. Desde ese entonces (1997) no había tenido la oportunidad de regresar.
El viaje por carretera fue corto, en menos de tres horas llegamos hasta Pahuatlán. Salimos por Indios Verdes y nos dirigimos hacia Tulancingo. Desde ese lugar es muy fácil llegar a la Sierra Norte.
Después de buscar un buen lugar para la camioneta en que viajábamos, nos encaminamos al centro del Pueblo para preguntar por alguna actividad a realizar. Nos recomendaron la visita a unas supuestas pinturas rupestres en una peña del pueblo de Atlatongo.
De no haber sido por la hermosa vista desde la Peña, el recorrido, agotador por la subida y por el candente sol, no hubiera valido la pena. De las supuestas pinturas no vimos nada, tan sólo "apreciamos" el recurrente grafiti de artistas posmodernos.


Gerado y Mimi desde la Peña de Atlatongo, Puebla. Año 2009



El evento de esa noche de Huapango comenzó con una presentación de los famosos voladores de Papantla. En el centro de Pahuatlán tienen dos palos para practicar esta tradición; el más alto (25 metros) es para la gente de experiencia, y el más pequeño, de unos doce a quince metros, es para los pequeños aprendices. De hecho, en una escuela secundario de un pueblo cercano a Pahuatlán, algunos jóvenes practican esta costumbre de sus ancestros.





Y después, todo comenzó con una presentación del cuarteto clásico de Carlos Chávez, que fusionaba el Huapango con los acordes del cello, los violines y el canto de tenores. Después de cuatro interpretaciones el público se desesperó. No están acostumbrados a esas expresiones. Fue lamentable el escuchar los rechiflidos de toda la gente en las últimas tres interpretaciones del grupo.




Lo que la gente quería era escuchar el Huapango tradicional, el del pueblo. La plaza principal estaba repleta. El alcohol dominaba el ambiente. Grupos de chavos provenientes de Pachuca y de la ciudad de México demostraban que en ocasiones lo más importante es la convivencia y el embrutecimiento en cualquier sitio. La cultura, es sólo un pretexto.





Y sin embargo, la gente del pueblo se animó a bailar toda la noche. No paraban. Mientras los chavos mexicas retaban a su organismo con litros y litros de cerveza y alcohol de caña, los campesinos, mestizos e indígenas se entregaban al huaracheo, marcaban el paso del Huapango, disfrutaban el Ojalá que llueva café en el campo,y sonreían, como en pocas ocasiones tienen oportunidad de hacerlo, dadas las condiciones sociales en las que viven.



Tríos como los Oro Hidalguense y los Brujos de Huejutla, entre otros más, cuyos nombres se me escapan, amenizaron toda la noche. Mis primos y yo nos retiramos como a las tres de la mañana. Nuestro buen amigo Roberto decidió permanecer el resto de la velada en el lugar para ver si conquistaba a una hermosa morena, o a quien se dejara.



Trs horas después, a las seis de la mañana, salí de la camioneta para buscar un baño y aliviar los rigores del cuerpo, fue impresionante ver como en cada esquina del pueblo había grupos de gente muy tomada, durmiendo en las esquinas o en las banquetas, chicas chillando desconsoladas por la estupidez del novio, y al llegar a la plaza principal para buscar a Roberto, alcancé al último grupo del Festival. Alli puede ver a algunos borrachillos tratando de bailar. Aquello fue una especie de bacanal etílico.

De no organizarse mejor, dudo que este festival perdure. No es posible que se organice en plena Semana Santa; no es posible que se lleve al mismo tiempo que las procesiones católicas. No es posible que el encargado del micrófono le pida a la gente, que está en pleno goce, abrir paso a la procesión de Cristo. Y sin embargo, si fue posible.

Y fue posible porque la gente quería música y baile, el mexica y el pachuco querían alcohol, y los cristianos seguir con sus tradiciones. Querreque, querreque...

06 abril, 2009

Sobre las prácticas de Fotoperiodismo


Exposición sobre Praga 68. Fotografías de Josef Koudelka en el Centro Cultural Tlatelolco de la UNAM. Ciudad de México. Año 2009

Antes de llevar a cabo su práctica de fotoreeportaje en relación al viernes santo, les recomiendo buscar la sección de etiquetas sobre fotoperiodismo, misma que está en el menú derecho de esta bitácora. Den un clic para que aparezcan exclusivamente las imágenes que están relacionadas a ese género. Alli apreciarán las fotografías sobre el llamado viernes santo.

Asimismo, les recuerdo que deben asistir al Centro Cultural Tlatelolco (CCT) para apreciar la exposición de Josef Koudelka y hagan un comenario al respecto en su propia bitácora. El CCT de la UNAM se encuentra en la Plaza de las Tres Culturas.

Para ver más imágenes de la muestra les dejo un enlace a mi blog sobre fotoperiodismo, donde está publicada una pequeña serie de toda la gran muestra de Koudelka.

Y un abrazo muy grande para mi buen amigo Eduardo Banda, quien ha publicado en su bitácora Blindbirdmino, un buen reportaje gráfico sobre el Eurojazz 09 en el Centro Nacional de las Artes.

28 febrero, 2009

Bienvenidos!!!!

Hola a todos!!!

Les doy la bienvenida con una de esas imágenes que de repente se quedan en el archivo esperando una oportunidad para ser vista. Espero les agrade. Va dedicada a mi querido amigo Armando Pérez, que acaba de abandonarnos. (Te voy a extrañar querido anciano).


Protesta frente al Palacio de las Bellas Artes de la ciudad de México.
Fotografía: Arturo Ávila Cano. Año 2006

31 diciembre, 2008

Que así sea el próximo año, de vértigo y dicha


Fotografía: Arturo Ávila Cano. Diciembre de 2008


Esta imagen fue captada en El Zinco, un lugar del centro histórico donde se toca buen jazz, y al que he ido acompañado de queridos amigos para celebrar las pasadas fiestas decembrinas.

08 noviembre, 2008

Colaboración periodística en La Jornada

Amigos, en esta entrada les publico la entrevista que mi amigo Juan Manuel Vázquez Soriano llevara a cabo con el legendario campeón de Box, don Ultiminio Ramos, a quien este sujeto le tomó una serie de fotos para acompañar el texto. Esta es la segunda ocasión en que una de mis imágenes ilustra un trabajo de mi amigo Juan, a quien agradezco su interés por mis fotografías. Y en verdad es todo un honor el que el mejor diario de este país haya publicado de nueva cuenta una foto mía.

Pues bien, aqui en este blog les publico las otras imágenes de Ultiminio que se quedaron en el archivo, pero creo que bien vale la pena que ustedes las juzguen.

Aqui va el texto que se publicó en La Jornada...


Ultiminio Ramos: la muerte en el boxeo a los 15 años de edad


■ El pugilista no puede dormir solo desde que el Tigre Blanco falleció en 1958
Ultiminio Ramos: la muerte en el boxeo a los 15 años de edad

■ Al ganar el título mundial enfrentó otra tragedia: el deceso de Davey Moore

■ “No importa que el vulgo me critique si el tribunal de mi conciencia me absuelve”, expresa el apodado Sugar




Texto: Juan Manuel Vázquez
Fotos: Arturo Ávila Cano


Cuando Ultiminio Ramos golpeó al Tigre Blanco no encontró resistencia al impacto. Era como si el puño se encajara en “una bola de vapor o de humo”, por eso sabía que la pelea no iba en buenos términos. Volvió inmediatamente a su esquina y le dijo asustado a su mánager Kid Rapidez:

–¡Rapidez, Rapidez! ¡Que lo he matado, lo he matado!

Así recuerda el llamado Sugar de Matanzas ese episodio que marcaría para siempre su carrera como boxeador, en su natal Cuba hace 50 años y tras la cual nunca más pudo dormir solo.

“Tenía 15 años, era un chamaco y donde quiera me parecía que veía al Tigre. Desde ese día empecé a dormir con alguien y hasta la fecha no puedo acostarme solo.




“Eso me pasó hace mucho tiempo, pero como me decía mi papá: ‘todo va pasando, tú no tienes culpa, si en vez de él hubieras sido tú… así es el deporte’. No es como que tú agarres a uno y le des un tiro. Además pienso en aquel dicho. Antes que yo, que sea él”, cuenta el ex campeón a La Jornada, a propósito de la mayor tragedia que puede vivir un peleador: matar al rival.

Noche de gloria y drama

Sugar Ramos vivió el drama de provocar la muerte con sus puños, no una, sino dos veces. Primero a José el Tigre Blanco, en 1958 en La Habana, y cinco años más tarde al afroestadunidense Davey Moore, en la que irónicamente sería su noche de mayor gloria, pues ahí conquistó el título pluma del CMB, en el legendario estadio de beisbol Chávez Ravine de Los Ángeles.

Sí, le dolió, pero Sugar fue un boxeador de otra época, de los tiempos en que los hombres estaban hechos de otro barro, y en los que en cada pelea se disputaba, más que un título o una fortuna, el honor y la oportunidad de ser alguien grande.

“La vida es ir para adelante, abrir camino, arrancar cabezas, mi champion”, así resume toda su filosofía y relata cómo en aquellos días tras un combate podían terminar orinando sangre, y cuando solían suplicarle al réferi que no detuviera una pelea a pesar de las heridas sangrantes en el rostro.

“El box es un arte, una decencia tan linda de saber tirar un jab o un swing. Ahora da lo mismo dar trompones, pero ese no es el asunto, lo importante es saber tirarlos.

“El boxeo es dar y que no te den, si das más vas a ganar, pero hay que saber darlos, no tirar manotazos, cachetadas. Hay que hacerlo como se debe, como antiguamente se hacía, en los 50, 60, cuando éramos artistas, grandes peleadores.”

Este ex pugilista de casi 68 años perdió el cinturón en 1964 ante el Zurdo de Oro Vicente Zaldívar, pero conservó su dignidad intacta y aún la exhibe con orgullo por las calles del centro, su reino, donde la gente de antes lo recuerda emocionado y lo saluda con la reverencia que se rinde a un ídolo del pueblo.

Elegante, Sugar recorre su feudo, el Hotel Virreyes, los billares y cantinas, siempre con traje impecable y corbata sin nudo.

–Dice que había más decencia. Sin embargo, hasta rogaban por seguir peleando cuando un réferi quería parar el combate. ¿Existía más entrega en esas contiendas?

–“Aaaah sí, así éramos nosotros y –fingiendo la voz de un niño llorón– ¿cómo, por una heridita van a parar la pelea? Y esas no eran heriditas, ¡eran heridonas! No, eso ya no se va a ver nunca más, para volver a verlo sólo si tiene fotografías. Pero así es la vida, todo lo que tiene vida en el planeta es así: nos comemos uno al otro.

–¿No era más riesgoso ese boxeo?

–Todos los que estamos aquí tenemos peligros El policía puede disparar un tiro, el albañil puede caer de un andamio, el nadador puede morirse ahogado, si sufre un golpe en el piso, ¡se llamaba Perico! Todos tenemos una forma de morirnos.

Ultiminio resta drama a los acontecimientos tanto de la vida como los que suceden en los encordados, y para explicarlo cuenta que su carrera tenía una misión más elevada porque fue una promesa hecha a su padre, Pascual Luis Lázaro Ramos Betancourt, y por la voluntad de querer ser alguien destacado, en una familia donde hermanos, inclusive una hermana, tíos y primos estaban metidos en el mundo del boxeo.

Un día en Matanzas, cuando era niño, vio llorar a su padre porque nadie en la familia conseguía convertirse en un chingón, por lo que el pequeño Sugar, que trabajaba como limpiabotas para ayudar en la casa, le juró que sería el mejor del mundo.

Entonces guardó el cajón de grasa e inició una carrera a los 11 años, como amateur, y cuando apenas tenía 15 ya era profesional. Así que estaba dispuesto a pagar cualquier precio y la primera prueba llegó con la muerte de José el Tigre Blanco.

–¿Cómo fue aquella pelea ante el Tigre en La Habana?

–Esa vez yo sentí que el derechazo que le di se fue directo a la punta de su quijada, pero como que entró en aire, no sentí resistencia de algo, fue como pegarle a un vapor de humo. A ese sí se lo llevaron mal al hospital. Estuvo dos días y después murió. Ése sí lo sentí.

–¿Después de ese trance no sintió miedo de regresar al box y de volver a lastimar a un rival?

–No, no, no –niega tajante–. Yo subía al ring a arrancar cabezas. Ya lo que pasó, pasó, como decía Javier Solís, mi socio.

Después de eso, confiesa, por única vez en su vida pensó en el retiro, pero la mamá del peleador fallecido le reclamó: ¡Cómo que te vas a retirar! Si mi hijo lo que quería es ser alguien grande”.

Por esa razón continuó su carrera y cuando consiguió el campeonato nacional pluma en Cuba se lo dedicó al difunto, porque “lo había ganado él y no yo”, dice Sugar Ramos.

Y tras la muerte, la vida sigue, refiere Ultiminio, porque los boxeadores como él tenían cargo de conciencia, pero era más fuerte su voluntad y la convicción de que vivir en sí mismo es un peligro.



“Acuérdate que para morirse nada más hay que tener vida. Si no la tienes no te mueres nunca”, señala en medio de risas este hombre jovial.

Cinco años más tarde cumplió su propio sueño y la promesa hecha a su padre en Cuba: fue campeón mundial, un chingón para decirlo pronto. Ultiminio recuerda sin sentimentalismos aquella noche del 21 de septiembre en 1963 cuando ante Davey Moore no sólo arrebató la corona, sino también una vida.

“Fue un peleón. He visto muchos combates, pero ninguno como esos dos que yo tuve. Tan buena fibra: la del Canelo Urbina y la de Davey Moore. Esas fueron tan bonitas, tan chulas, con nada de salvajismo. No, de esas de saber lo que se está haciendo arriba de un ring.

“Hasta la fecha no he visto otra como la que tuve con Davey Moore en Los Ángeles, tan decente y preciosa que cada round que empezaba nos saludábamos con un respeto, como caballeros, algo que ahora en este medio no tenemos. Hoy sólo hay puro bailarín, que no sabe lo que es boxeo.”

–Pero sí lamentó que le ocurriera por segunda vez con Davey Moore.

–Davey Moore dijo a un periódico que Ultiminio Ramos iba a Los Ángeles a llevarse el campeonato para México, pero para hacerlo tenía que matarlo… se murió. Cosa del destino. Como que éste ya decía que yo iba ser grande, y por desgracia en ese tiempo el que era campeón del mundo era Moore y yo era el que estaba arrancando cabezas a todo el mundo por fuera.



–¿Fue una victoria amarga?

–Se siente. Todo es duro. Hasta un triunfo lo es porque no todos tienen la dicha y la oportunidad de saborearlo. Además hay un derrotado pero a veces se pierde y sirve más que todas las peleas, así es el deporte. Porque como dije, nos parecemos mucho pero todos somos iguales. Cuántos peleadores hay y cuántos han sido grandes.

“Compare nada más el combate del difunto Davey Moore, vea los de los demás y se dará cuenta que no es lo mismo. Observará a Moore como era, un toro. No fue como, por ejemplo, Pintor, que con el golpe que le dio a su contrario –Johnny Owen en 1980–, ya cayó muerto, desparramado, esas son cosas diferentes.

“Lo mismo que sucedió y pasó (con Daniel Aguillón el pasado 15 de octubre. Esa fue cosa del destino, fue un golpe muy lindo y certero.”

–¿Cuándo ve estos percances sobre el ring le vienen a la memoria los episodios que usted vivió?

–Sí, cómo no, vienen todos y es cuando uno responde por qué pasa y sucede esto. Cuántas peleas tiene uno, cuarentipico, y el otro cuántas tiene, 13. Hay que fijarse mucho en esos detalles. Vamos, te voy a poner de ejemplo la pelea de Mantequilla Nápoles con Carlos Monzón.

“Decían: sí, Mantequilla es muy bueno, Monzón es un bruto, más que Mantequilla en el boxeo, pero llevaba más juventud, más peso, más de todo lo que Nápoles no tenía. Qué bueno que no sucedió un drama tan grande... Nada más que acabó la carrera de Mantequilla”, concluye con malicia.

Alejado de toda actividad relacionada con los guantes, Ultiminio recuerda esa época de la que apenas le quedan algunos vestigios como este legendario billar donde conversa con La Jornada.

No se queja, “vive del tiempo”, si acaso insiste: “ necesitamos ayuda en el boxeo, no porque uno esté jodido, sino para trabajar, para formar una buena escuela, porque los que levantamos al pugilismo al final no hemos recibido nada”, sólo eso para un hombre que vino al mundo “a comer perejil”, como insiste.

“Yo mi champion he tenido otra gran pasión además del box... ¡la música!”, y empieza a golpear la mesa mientras canta, como en aquellos años dorados cuando tocaba las congas con Ultiminio y su Suavesón.

“Yo soy matancero, mi hermano, y no lo niego. Matanzas tierra profunda ahora me inspiro en ti porque fue donde nací”, canta nostálgico, pero feliz, porque ya cumplió todos sus deseos: peleó, ganó, bailó, conquistó mujeres.

“Hay que tener ángel para eso”, afirma, y la vida le cobró facturas, pero como dijo aquel sabio de Matanzas (su padre): “No importa que el vulgo me critique si el tribunal de mi conciencia me absuelve.”

30 octubre, 2008

Día de Muertos en San Carlos y en Ciudad Universitaria

Hola amigos!!!

A todos ustedes les dedico estas imágenes que capté en la celebración del día de muertos que organizaron en la Academia de San Carlos y en la explanada central de la Universidad Nacional.

La XI edición de la mega ofrenda de la UNAM ha sido dedicada al poeta Octavio Paz, a diez años de su partida.

Como podrán apreciar muchas de las imágenes tienen cierto efecto, el cual es posible recrear mediante una baja velocidad de obturación combinada con el flash.
























Fotografía: Arturo Ávila Cano

30 marzo, 2008

V Festival de Primavera en el Centro Histórico

Y como dice el poeta: más de cien palabras, más de cien mentiras para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena

Entrada dedicada a todas las personas que con sus palabras y acciones me han ayudado a recobrar las ganas y el aliento para seguir en esto. La vida me ha ofrecido la oportunidad de encontrarme con gente de cinco estrellas.